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martes, 12 de enero de 2016

Fallece Fausto, el aficionado del paraguas

El hincha del paraguas que enfureció a Ramallets

Recogepelotas a los 13 años, aficionado incondicional del Hércules siempre. Fausto Saura, conocido como el hincha del paraguas.

TONI CABOT 09.01.2016 | 01:05

Fácilmente reconocible, con su inseparable paraguas blanco y azul, el grito de «Hércules, Hércules» brotaba inconfundible de su garganta desde la esquina del parking (el pequeño Maracaná) hasta la puerta cero, minutos antes de entrar en el campo. Era el ritual de Fausto, figura emblemática de la hinchada herculana. Conocido en todos los rincones del Rico Pérez como «el aficionado del paraguas», su voz penetrante se hizo un hueco entre el trasiego de los prolegómenos de todos y cada uno de los encuentros que el Hércules, su Hércules, disputaba en el Rico Pérez, antes de tomar asiento, mejor dicho, de iniciar su constante deambular por la grada norte.

La inquebrantable afición de Fausto por el Hércules venía de lejos. Siendo un niño se buscó la vida para ver el fútbol de cerca como recogepelotas en Bardin. Corría el año 54, y el Hércules se había hecho un hueco en Primera División tras coronar el último ascenso en el coqueto estadio que construyó el empresario francés. Posteriormente, en La Viña, con trece años, ejerciendo como recogepelotas, se encaró con Kubala y enfureció a Ramallets al negarse a devolver un balón en los minutos finales del Hércules-FC Barcelona, para colaborar con el triunfo alicantino haciendo valer el solitario gol anotado por Xirau.



Fiel a la cita de cada quince días en Alicante, Fausto destacó entre la hinchada por su apoyo constante, paraguas en mano. Sus emotivas lágrimas, tanto en las decepciones como en los momentos de celebración, acabaron convirtiéndose en una estampa clásica entre el herculanismo, donde se erigió en figura popular. Los disgustos ocasionados por la trayectoria deportiva del club en distintas etapas le llevaron a alejarse algún tiempo del estadio, pero siempre acababa regresando, incapaz de romper el vínculo.

Alicantino de nacimiento, Fausto trabajó como botones en el hotel Carlton antes de formar parte de la legión de emigrantes que tuvo que salir del país en los años cincuenta. Su destino fue Suiza, donde siguió vinculado al sector hotelero. A su regreso prestó servicios en la empresa alicantina Auriga y, posteriormente y hasta su jubilación, como conserje del Real Club de Regatas de Alicante.

Futbolistas legendarios del Hércules como Ernesto Llobregat lamentaban ayer la pérdida del conocido hincha. «En mi etapa, aprovechando que trabajaba en una compañía de alquiler de coches, venía a despedirnos al aeropuerto cada vez que viajábamos en avión. Fue un seguidor incondicional», recuerda Ernesto.

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